Estoy escandalizada. Esta mañana hablaba el presidente de AENA en el programa de ES RADIO Cantaba las excelencias de Aena, sus logros, los aeropuertos y terminales construidos, y todo financiándose con las tasas que se cobran. Luego, contaba cómo una parte de los cometidos de Aena, la de la navegación aérea, la que incluye el control del espacio aéreo, y por tanto los controladores aéreos, producía pérdidas.
Se quejaba de los controladores aéreos españoles, empleados de Aena. El presidente de Aena se quejaba que sus empleados ganaban sueldos que multiplicaban por tres el sueldo de los controladores ingleses (los europeos que menos ganaban – aunque pensando que los españoles están en torno a los 300000 euros al año, no creo que ganar 100000 euros sea para pasar hambre). Es más, el presidente de Aena, contaba compungido, cómo la productividad de los controladores españoles era un tercio de la productividad de los controladores alemanes.
Es decir, este señor nos decía a todos los que escuchábamos el programa que él, como presidente de Aena, pagaba nueve veces más a sus empleados, los controladores, de lo que podría ser justo, justificado y razonable. Y ésto lo contaba para que todos los oyentes se compadecieron de Aena, la víctima de los controladores.
Yo creo que el presidente de Aena nos debe a todos los españoles una explicación. Su gestión de una organización pública es lamentable. Tan lamentable que su defensa es que los empleados ganan demasiado y producen poco. Y esto lo dice el presidente? Como si me quejara de que los caprichos de mi nieta de menos de un año me puede llevar a la bancarrota. ¿No sería más lógico pensar que por alguna razón consiento los caprichos de la nieta?
No sería más lógico preguntarnos por qué el presidente de Aena, año tras año, consiente el “chantaje” de los controladores? Y por qué surge a la superficie ahora… con la gestión del El Prat en las bambalinas.