Archive for the ‘Uncategorized’ Category

El escándalo de los controladores aéreos

Wednesday, August 4th, 2010

Estoy escandalizada. Esta mañana hablaba el presidente de AENA en el programa de ES RADIO Cantaba las excelencias de Aena, sus logros, los aeropuertos y terminales construidos, y todo financiándose con las tasas que se cobran. Luego, contaba cómo una parte de los cometidos de Aena, la de la navegación aérea, la que incluye el control del espacio aéreo, y por tanto los controladores aéreos, producía pérdidas.

Se quejaba de los controladores aéreos españoles, empleados de Aena. El presidente de Aena se quejaba que sus empleados ganaban sueldos que multiplicaban por tres el sueldo de los controladores ingleses (los europeos que menos ganaban – aunque pensando que los españoles están en torno a los 300000 euros al año, no creo que ganar 100000 euros sea para pasar hambre). Es más, el presidente de Aena, contaba compungido, cómo la productividad de los controladores españoles era un tercio de la productividad de los controladores alemanes.

Es decir, este señor nos decía a todos los que escuchábamos el programa que él, como presidente de Aena, pagaba nueve veces más a sus empleados, los controladores, de lo que podría ser justo, justificado y razonable. Y ésto lo contaba para que todos los oyentes se compadecieron de Aena, la víctima de los controladores.

Yo creo que el presidente de Aena nos debe a todos los españoles una explicación. Su gestión de una organización pública es lamentable. Tan lamentable que su defensa es que los empleados ganan demasiado y producen poco. Y esto lo dice el presidente? Como si me quejara de que los caprichos de mi nieta de menos de un año me puede llevar a la bancarrota. ¿No sería más lógico pensar que por alguna razón consiento los caprichos de la nieta?

No sería más lógico preguntarnos por qué el presidente de Aena, año tras año, consiente el “chantaje” de los controladores? Y por qué surge a la superficie ahora… con la gestión del El Prat en las bambalinas.

Give credit where it is due

Thursday, June 10th, 2010

Give credit where it’s due

A couple of days ago I was surprised to find in a package of assorted tidbits in the internet, a brief note saying that an award had been given to the creator of INCAPARINA. The award was dated in 2003 and although the news blurb did not say so, it made it seem a recent breakthrough.

I was surprised because Incaparina is an old friend. Fifty years ago I was working during the summer at the INCAP (Instituto de Centro América y Panamá) headquarters, in Guatemala. At that time they were already marketing INCAPARINA (a play on the name of the institute and “harina”, flour. Incaparina was a type of ground meal made of different types of grains, beans and cereals. It was developed by a team of nutritionists, that set out to make good nutrition available to everyone in Central America. The product (Incaparina) ensured supply of daily requirements of protein, vitamins, minerals, for a very low price. It was packaged in plastic bags, needed no refrigeration, was light and easy to carry, could be used anywhere. And what is best, it could be eaten as a gruel, spread on tortillas, drunk as an atol, or added to whatever was on the menu, enriching it nutritionally.

It was rightly hailed and celebrated an achievement. It is akin to the gofio of the Canary Islands – also ground meal of roasted grains and cereals – an excellent nutritional contribution to the diet.

The team of nutritionists was truly what a panoply of scientists, including medical doctors, chemists, biologists and engineers. This I know first hand. One of them was my mother’s first cousin, well-loved and frequent guest at home. But the feat was not just developing the product, it was also producing, packaging, distributing and marketing it. All of this was accomplished with good, hard work and the pride of contributing towards improving the future of the region through better nutrition of the population.

The beer company owners agreed to distribute it, ensuring that it reached virtually every hamlet. What town did not have a bar that bought beer? This, too, I know first hand. A friend’s father was the one who achieved that small miracle.

I lost track of all this and now it has surfaced in my mind with the news of the award given in 2003 to someone who was not there when and where it was developed. It is sad that a group of people accomplishing something good going on great such as Incaparina should be slighted or ignored merely because they were not out looking for limelight. The award given in 2003 does not even mention the original development. I think credit should be given where it is due.

Mind you, the award might be well deserved, for further development, for better packaging, for better distribution, but it is sad to see the creators ignored. We live in such a media-oriented world that if there is nothing written or recorded, it is just obliterated, and being ignored, finally loses its very identity. Sometimes, it is just a question of someone shouldering in and taking credit where there should be none given. Sometimes, we are gullible, or just not alert enough to speak out and insist on credit being given where it is due.

Escándalo escandaloso

Wednesday, January 13th, 2010

Esto lo escribí hace tres meses. Lo he dejado dormir por que no fuera el producto de una rabia pasajera. Desgraciadamente, creo que todo lo que se dice sigue vigente, y por eso lo publico.

Estoy escandalizada. No hay para menos. Los del Gürtel, los de Sevilla, los de Mallorca, los de Menorca, los de Canarias, y por si faltaba alguien, los Albertos.

Creo que la gran mayoría de las personas son básicamente honradas, dadas a responder con la verdad y a no apropiarse de lo que no es suyo. También creo que las formas y costumbres en una sociedad viva van cambiando y tienden hacia una “normalidad” que puede ser distinta en diferentes lugares y épocas. A principios del siglo XX era escandaloso que las mujeres enseñaran los tobillos; hoy nadie se asusta de unas minifaldas que no llegan a arrugarse cuando las muchachas se sientan: las costumbres han cambiado y la normalidad aceptada como tal, ya es otra.

Quiere decir esto que ya es normal robar? No. Quiere decir que “robar” se identifica solo con el caco de la navaja, el del butrón o el de la escopeta recortada. Robar también es no buscar la mejor oferta porque hay un trato de favor con otro proveedor – favor que normalmente es personal, para los que gestionan la compra del servicio o el bien – y que en definitiva, paga la empresa que no se beneficia de un mejor precio o servicio.

Se podría llevar al extremo, y también sería cierto, que robar es utilizar el teléfono de la empresa para llamar a casa y saber si los hijos han llegado bien del colegio, o para pedir cita al médico, o imprimir el formulario de la administración. Pero los extremos engañan. Todos pensamos que es correcto utilizar el teléfono para una gestión breve y puntual… y que no lo es pasarnos la tarde escuchando al “teléfono rojo”. Todos diferenciamos entre imprimir un formulario a imprimir un libro bajado de internet.

Pero, volviendo a los escándalos que nos sirven todos los días. Mi padre decía que la sociedad era la que, al no condenar abiertamente a quien se reconocía como ladrón o corrupto, la que alentaba a los corruptos y ladrones a actuar a sus anchas. Él siempre decía que cuando la sociedad negara el saludo, volviera la espalda, rehusara estrechar la mano del corrupto, éste no tendría más remedio que enmendarse o emigrar a donde no le conocieran. Pero que mientras la llovieran amigachos y aduladores solo porque se había hecho rico y/o poderoso, la misma sociedad no tenía de qué quejarse, sino más bien, debía reconocer que le llovía lo que merecía.

Mi padre era inflexible, honrado a carta cabal, incómodo, intransigente, y si sobrevivió fue solo porque también era un hombre brillante, capaz, trabajador, e incansable. Era simpatiquísimo, tenía don de gentes y sabía estar en todos sitios y en todos círculos. Tenía amigos entre los profesionales liberales, entre los militares, y también entre los ebanistas, y albañiles. Para él todos eran personas, y sus amigos todos eran también gente de ley.

Yo creo que los ladrones, los corruptos, deben identificarse, denunciarse, perseguirse, juzgarse, condenarse y deben cumplir totalmente sus condenas. Deben además restituir lo robado, y si esto no es posible, la condena debe considerar medidas encaminadas a resarcir a las víctimas o deshacer el daño causado: diez mil horas de trabajo comunitario, preferiblemente en una posición que no le permita seguir con sus malas artes, por ejemplo, como peón caminero, jardinero, barrendero, o miembro de la brigada de limpieza en sitios “no sensibles” como colegios, nunca en las oficinas de los ayuntamientos, consejerías ni juzgados.

Si se identifica al corrupto o ladrón por investigación civil, como lo puede ser por medio de comunicación, bienvenido sea. Una vez identificado, la persecución debe hacerse por los cuerpos de orden público, como si lo hubiera identifica la policía en primer lugar. Pero esta investigación y persecución debe regirse por las garantías que figuran en la constitución y son la base de lo llamado el estado de derecho, y deben estar siempre tuteladas por un juez.

Lo que me lleva de nuevo al caso Gürtel. Me escandaliza que cuando se levanta el secreto de la tercera parte del sumario, se anuncie que estamos hablando de 15000 folios. Eso hace que el sumario entero se cifre en 50000 folios. Los investigadores dividen la investigación en tres partes de igual importancia. más o menos iguales el tiempo necesario para llegar a la redacción de un informe. Es decir, una vez verificado el éxito de la prospección (identificación del corrupto), las tres partes serían: la investigación o recogida de datos, la clasificación y ordenamiento de los datos recogidos, y redacción del informe que refleje y explique las conclusiones a las que llevan los datos recogidos y ordenados.

Siendo muy benévolos y optimistas podríamos decir que son tres partes que requieren el mismo tiempo cada una. Digo siendo muy benévolos y optimistas porque la realidad es que si se hace una investigación objetiva, la recogida de datos y la clasificación de los mismos excede en mucho el tiempo necesario para la redacción del informe. Pero para nuestro caso, vale con decir que sería el mismo tiempo.

Sigamos siendo benévolos. Digamos que se puede redactar el informe a marchas forzadas y lograr 100 folios al día. Me parece muchísimo. Cien folios escritos cada día supera en mucho la capacidad de más de un equipo de trabajo. Pero sigamos. A un ritmo de 100 folios diarios, 50000 folios que hemos dicho sería el total del sumario, requeriría 500 días. Dos años. Si dos años es solo la tercera parte del sumario, se han necesitado seis años para pergeñar el sumario. Seis años-hombre (y seis años-hombre cualificado) cuestan mucho dinero. Me gustaría que alguien me explicara quién dio la orden de investigar y qué se investigó, y a quien, y por qué. Estaban “pescando”?

Es que para mí, ésto también es corrupción; y no sé por qué la gente de la calle no se pregunta una y otra vez qué pasa y cómo pasa y por qué. No digo por qué no lo pregunta el Partido Popular… pues mientras no estén dispuestos a hacer lo que ha hecho Esperanza Aguirre, y presentarse con un “big bag” lleno de cabezas cortadas, no podrán abrir la boca. Así les va a ellos, pero aún peor, así nos va a todos. Nos hemos quedado sin oposición, sin posibilidad de cambio o recambio, sin esperanza de mejora… y nuestro país enfermo está mal.

Se ha instaurado el régimen del terror. Si es posible hacer un sumario que requiera 6 años-hombre a la sombra, sin tutela legal, sin cometido declarado, sin más que buscar datos para poder o no perseguir a “los otros”, estamos muy mal. Estamos en lo más oscuro de la edad media cuando una voz “anónima” podía denunciar brujería, herejía, blasfemia… y dejar inerme e indefenso al acusado que no sabía ni de qué se le acusaba.

Cómo, si no es así, puede entenderse que se presenten unos presupuestos que ya se saben son falsos, que se debatan solo de boquilla porque los pactos ya están firmados, y que todos, todos nosotros los gobernados, no nos preguntemos qué pasa?

Cómo, si no, es posible que aceptemos que la lealtad de nuestros sirvientes y asalariados, los políticos, sean hacia sus organizaciones o sus “jerarquías” y no hacia sus votantes? Cómo, si no, aceptamos que a ésto se le llame democracia, cuando no nos representa nadie? Se representan a sí mismos, en un escenario en el que solo actúan ellos, con un público que son ellos mismos. Ahora, pagar, pagamos nosotros. Pagamos a los partidos, los sueldos – a veces los tres sueldos – de los políticos, los coches oficiales, los guardaespaldas, secretarias, teléfonos y oficinas. Pagamos a los asesores, cuando se debería suponer que el político llega “aprendido”, y además, que la administración pública tiene muchas personas válidas que pueden instruir en lo necesario al quien lo deseara.

También pagamos a los sindicatos – y su filiación es mínima, y pagamos a la patronal, que ya es la risa. Rescatamos a los bancos, a los banqueros, subvencionamos energías alternativas, proyectos inviables, y condonamos deudas a países que nacionalizan empresas españolas.

Al fin, como en aquella obra de teatro: cornudos, apaleados y agradecidos.

Crisis moral

Sunday, January 10th, 2010

El Papa viene repitiendo que la crisis económica y financiera que nos afecta tiene origen en una crisis moral. Creo que casi todos los comentarios a su discurso que he leído dejaban entrever un tipo de “paternalismo condescendiente” diciendo que, claro, qué iba a decir el Papa, tan mayor y tan religioso él. No llegaban a decir que era una estupidez, pero casi era peor. Quedaba en el aire para que cada lector lo hiciera su propia conclusión. Sin embargo, yo creo que el Papa tiene razón.

Hace poco comentábamos en casa en nuestra tertulia de sobremesa cómo el concepto de lo lícito ha ido cambiando. Mis hijos ponían el ejemplo que antes los tenderos trabajaban con unos márgenes que pensaban eran adecuados, y que como todos se regían por las mismas reglas o las mismas normas daba lugar a que todos más o menos pudieran actuar y vivir.  Ahora, todos trabajan exprimiendo el mercado al máximo, resultando en que hay quien exprime y hay siempre alguien exprimido.

Esa consciencia de lo lícito, adecuado, propio que mis hijos atribuían a tiempos pasados responde a la formación ética y moral que se desprendía de los principios cristianos que son comunes a toda Europa. Incluso los ateos europeos llevan impreso los principios cristianos que son parte de la urdimbre cultural de la región, común a todo el mundo occidental, vigente durante 2000 años.

En los últimos 50 años se ha nos ha liberado, así, sin habernos pedido parecer, de nuestras ataduras religiosas, y con esta “liberación” hemos perdido en sentido común, el sentido de la proporción, do de lo adecuado, del decoro. En fin, la moralidad en su sentido primitivo. Es el problema de eliminar cuanto nos parece impedimenta inútil sin tener en cuenta que esa impedimenta es la cúspide del iceberg; que el iceberg existe y condiciona la vida. Es el problema de quitar lo que existe sin tener nada qué ofrecer a cambio.

Soy católica, por educación, por tradición, por familia, por convicción. Mis padres lo eran. Ni ellos ni yo hemos sido practicantes. Quizás no debiera titularme católica. Cómo se puede pertenecer a algo y no acatar las reglas? Digamos mejor que la línea de pensamiento ético y moral de tradición católica es la que impera en mi vida, y a la que aspiro no defraudar: los Diez Mandamientos, el Padre Nuestro.

Creo que mucho del desconcierto que existe viene precisamente de esa orfandad impuesta con la liberación de todo principio religioso. El laicismo militante no ofrece, o al menos así me lo parece, una alternativa. Cada vez nos parece más estar viviendo en Matrix. Cuando resulta que cada uno de nosotros debe algo como 2000 millones de euros, es que esto todo es un mundo virtual. No hay manera en el que esa deuda pueda ser “real” . Claro, si nada es “real”, si el dinero público “no es de nadie”, todo vale… y a río revuelto ganancia de pescadores – especialmente si son avispados y sin escrúpulos.

Tengo la esperanza de que comencemos todos a ver los engaños, a tomar consciencia de cómo nos han engañado y a pedir explicaciones, exigir responsabilidades. Eso además implica tomar decisiones, posicionarnos de alguna manera en el mundo y ser responsables de nuestra vida en lo posible. Eso es optar por una postura moral.

Aunque no se quiera decir porque no es “políticamente correcto, también es darle la razón al Papa: la crisis tiene origen moral.

Tengo la esperanza que estemos, de manera general, comenzando el camino hacia retomar nuestra responsabilidad en nuestra vida, pero aún nos falta.

Cual es la finalidad de nuestra vida?

Saturday, January 9th, 2010

Ayer hablaba con una mujer inteligente, valiente, y animosa que ha sufrido la pérdida de su compañero hace poco. Se preguntaba, como lo hacemos todos alguna vez, sobre su vida, su finalidad, su propósito. Mi convicción natural es que si aún estamos en el mundo, nos queda algo por hacer, que la película termina cuando sale el rótulo de “Fin”.

Mi amiga tiene hijos, casados, viviendo lejos. No tiene nietos ni sobrinos que vivan cerca. Ya sé que “lejos” es un concepto cambiante. El avión, el teléfono y el ordenador con su internet hacen que las distancias físicas sean menos tangibles.

Creo que no hijos son solo los que llevan tu sangre; son todos aquellos a quienes se ha educado, a quienes se ha ayudado, a quienes se ha alimentado de manera física, intelectual, emocional o moral. En ese sentido, todos tenemos muchos hijos. La paternidad, en este caso, la maternidad no se tiene sino que se ejerce. Como todo en la vida.

En el libro “El rey debe morir” Mary Renault esboza la idea de que las fibras de nuestras vidas rozan unas con otras y se fortalecen o debilitan en su roce. Para mí, en estos roces se forman los linajes, las líneas “de sangre” emocionales e intelectuales.

Tenemos muchos hijos, somos parte de linajes, y tenemos la responsabilidad – ante nosotros mismos – de comportarnos de manera coherente y sensata. Tenemos la obligación – ante nosotros mismos – de regirnos por el sentido común. Si todos cumplimos con estas responsabilidades y esta obligación nuestra vida será más fácil y enriquecedora.

En nuestras relaciones de trabajo, no importa cual sea, aparte de cumplir con el trabajo por el que nos pagan, tenemos la obligación de cumplir como personas. Aquí también formamos linajes y marcamos maneras de convivencia con nuestra manera de enfocar problemas, de buscar soluciones.

Oí decir a Dominique Lapierre en una entrevista que la Madre Teresa de Calcutta repetía constantemente: Lo que no se da, se pierde. Qué cierto es. Es algo que hemos sabido siempre, aunque nunca antes lo había oído expresado de manera tan concreta y bien.

Mi amiga jamás a dejado de dar. Tiempo, cariño, alegría, atención y hasta dinero cuando ha sido necesario. Mi padre decía que la vida estaba hecha de tiempo; que perder el tiempo era perder la vida. No he conocido a nadie que supiera exprimir más la vida, y sacarle tanto para sí y para todos. Lo que le sucede es que no sabe cuánto tiene porque nunca se ha parado a contarlo – como es característico de una persona generosa.

Solo nosotros determinamos si son útiles nuestras vidas. Depende de nuestra manera de vivirlas.

La estela de la navidad

Friday, January 8th, 2010

Hace unos días un amigo de mis hijos mencionó que montar el árbol de navidad le aburría. Me impresionó como si hubiera dicho que le aburría respirar. Jamás se me había ocurrido, y me hizo pensar.

Montar el árbol de navidad para mí es un pequeño ritual que hago con ilusión y que me lleva desde mis navidades pasadas cuando era niña a las de cuando mis hijos eran pequeños, y me trae hasta el presente cuando mis hijos son mayores y no viven conmigo. Me hizo pensar que hace muchos años que el árbol de navidad lo monto sola, y que en realidad, quizás solo me importa a mí.

Me pellizca el corazón pensar que no he sabido contarles a mis hijos lo que es la navidad para mí ni cómo la vivo, tal vez porque para mi era tan archisabido. Se han quedado con las cáscaras: hacer galletas, adornar el árbol, sacar el belén… y las cáscaras están huecas, no tienen entidad ni significado verdadero. Son como los fósiles, testigos de otros tiempos, útiles solo para los paleontólogos y estudiosos, pero no para la vida actual.

Estaremos tan sobre-saturados de adornos navideños, árboles, colgantes, guirnaldas, estrellas…. que ya no logran ilusionarnos? Parece que la Navidad se vive en los comercios, las calles iluminadas y el árbol de navidad que planta el ayuntamiento en la plaza. Los regalos se compran por costumbre y con estricta adherencia a las peticiones. Ya no nos paseamos pensando con nuestros amigos y familiares con ojos de ver para encontrar algo que pensemos les pueda sorprender, agradar, ilusionar…. Ahora buscamos afanosamente el regalo pedido.

Es que el mejor regalo es uno no imaginado, uno inesperado, sorprendente, quizás inútil pero bello. En su libro sobre Alejandro Magno, Mary Renault describe el regalo perfecto para alguien que lo tiene todo: lo que no sabe que necesita. Recuerdo un estudio hecho en Estados Unidos en los años 50 tabulando los premios pedidos por las mujeres ganadoras de un concurso de televisión. Una abrumadora mayoría pedían una estola de visón, un collar de perlas, un anillo de amatistas. A las amas de casa ganadoras no les ilusionaba una nueva lavadora o cocina. Dadas la oportunidad – el premio era totalmente independiente del presupuesto familiar – preferían lo que ellas no se comprarían jamás, algo que estuviera desaconsejado por todas las consideraciones prácticas “normales”, y fuera, en su mejor definición una ilusión.

Navidad es, para mí, la renovación de vida. Mis creencias, mi fé, mis tradiciones, mis costumbres, mis recuerdos… todas se renuevan, y me sabe mal no haber sabido transmitir eso a mis hijos. Me parece que es algo que ha sucedido a muchas personas de mi generación. Espero que nuestros hijos puedan encontrar los recursos que necesiten en sus corazones, aunque sea haciendo el camino al revés, yendo desde el árbol adornado a la tradición que lo informa… y que no se les relató.

Tener tiempo para uno mismo

Saturday, December 19th, 2009

Hace muy poco un chaval, un hombre joven de la edad de mis hijos, me dijo que estaba agobiado porque sus múltiples ocupaciones y preocupaciones – ha sido padre recientemente – le dejaban sin tiempo para sí.

Oigo a muchos quejarse de no tener tiempo para sí mismos…. y me pregunto cual es su definición de tiempo para sí. Supongo que soy muy simplista, pero siempre me pareció que todo mi tiempo era mío, para mí, para gastarlo en lo que yo decidiera.

Mi amigo, el desencadenante de esta reflexión, explicaba que no podía dedicar unas horas a aprender un idioma, que él mismo calificaba de necesario para su desarrollo profesional, porque eso incidiría negativamente en el poco tiempo “personal” del que disponía. Me costó no arremeter con el mandoble desenvainado, como hubiese hecho con mis hijos, preguntándole por qué no consideraba el tiempo invertido en el estudio como tiempo suyo. Cuando intento aprender algo – ya no “estudio” – pienso que ese tiempo es para mí. Soy yo quien se beneficia : disciplina y nuevos conocimientos, por no mencionar, el refuerzo de autoestima.

Finalmente lo que me pregunto es si los jóvenes piensan que la vida que viven no es la suya, que la suya de verdad, es algo que se parece más a lo que reflejan los seriales televisivos. Les habremos protegido tanto que ahora que son jóvenes adultos no creen vivir su vida, sino una impuesta por las injusticias – abstractas ellas – del tiempo y su circunstancia? En esa sobre-protección les habremos impedido madurar lo suficiente para lidiar con tropiezos, frustraciones y reveses?

Encuentro muy acertada, y pertinente la frase, creo que de John Lennon: “La vida es lo que te pasa cuando estás ocupado haciendo planes.” Me da la impresión de que a los jóvenes les parece que la vida “les pasa”, que ellos no tienen nada que ver, que solo la sufren, y que además les sucede porque no tienen tiempo para dedicarle a su vida ni a sí mismos. En fin, que su vida es la que sueñan y planifican, pero que no construyen. Quizás por eso no consideran “su” vida la que llevan, y se me antoja esa una peligrosa dicotomía.

Me entristece mucho constatar que haya jóvenes que parecen haber abdicados de la construcción de su vida, precisamente en los años en los que se construye la vida y se cimenta el futuro, para luego quejarse de que la vida les ha llevado por caminos insospechados a destinos no buscados. Hay que ser más coherentes y más responsables. Somos responsables de vivir nuestra vida, de usar nuestro tiempo, de invertir en nosotros mismos. Tenemos que ser conscientes de que todo el tiempo es nuestro y para nosotros, y que no lo debemos desperdiciar..

Código Samurai como modus operandi

Thursday, December 17th, 2009

El otro día mi hijo Alex, leyendo mi “Decálogo del que cocina” dijo:

– Ves, esto para tí es como el código Samurai. Lo aplicas a todo, y te funciona. Es la síntesis de tu filosofía de vida. No está mal tener un código o decálogo que te funcione. Facilita la vida.

Me hizo reír, lo que no es raro ya que mis hijos suelen sorprenderme y a menudo hacerme reír, principalmente de mí misma. Me sentí halagada. Puesta a pensar en ello, creo que tiene razón. Es mi modus operandi, y me funciona.

Por eso, he pensado publicar mi “Decálogo del que cocina”.

Decálogo del que cocina:

1. No tengas miedo. Tu mandas. Si alguien quiere el mando, que baje al ruedo y toree.

2. Sonríe. Nada hace soportable el mal humor, aburrimiento, o desinterés. Así sería imposible acometer un proyecto creativo, como la cocina.

3. Los comensales no son jueces. Son amigos. Si alguien viene de juez, se le destierra hasta que se enmiende.

4. La cocina es alegre y mucho más divertida que trabajosa.

5. No hagas nada que no te apetezca, ni cocines lo que no vayas a comer.

6. No confundas el que algo tome tiempo con que sea trabajoso. Muchas veces platos que requieren cocciones largas y lentas son fáciles y no necesitan gran cuidado.

7. Confía. Casi todas las probabilidades son de éxito. En poquísimas ocasiones es el daño irreparable. En esas, sin que cunda el pánico, volver a empezar, haciendo algo fácil y rápido.

8. Relájate, pero no te descuides… la ley de Murphy existe.

9. Esmérate en disponer los alimentos de manera atractiva. También se come con los ojos.

10. Piensa que para todos ha habido un principio titubeante e incierto que superar.

Derechos y deberes

Wednesday, December 16th, 2009

Cuando mi hija tenía cuatro años trajo del colegio un poster con los Derechos del Niño. Lo habían repartido y celebrado y a nadie de los educadores se le ocurrió contarle a la clase que los derechos llevaban aparejadas obligaciones. Aún me duele. Eso no es educar y formar.

Hace muy poco dijo Zapatero que todo el mundo tiene derecho a tener derechos. Ay! Las televisiones y los periódicos repitieron la ocurrencia hasta la saciedad. La verdad es que con esa elegancia y profundidad, la frase podría haber sido croada por una rana. Y nadie, nadie, ha dicho que es verdad: siempre y cuando el que reclame el derecho esté dispuesto a asumir el deber que conlleva.

Se nos llena la boca hablando de los derechos. Los derechos humanos, los derechos de los simios, el derecho del planeta tierra, los derechos de los animales. Todo esto está muy bien. Es verdad, todos tenemos derechos. Hemos olvidado que hay dos caras en esto: derechos y deberes. Los derechos, aunque parezca mentira, no son gratis. Ha que ganarlos, merecerlos, y hacer honor a ellos cumpliendo con los deberes que conllevan.

Esta sociedad que hemos conformado entre todos se empeña en mantenernos en un estado de inmadurez. Solo tenemos derechos: a reclamar del estado educación, sanidad, seguridad, opciones culturales y hasta de ocio. Sin embargo, no asumimos obligaciones, ni responsabilidades. Y así nos va. Hasta que no optemos por ser adultos y declararnos responsables, poco podemos esperar progresar.

Navidades en puertas

Monday, December 14th, 2009

Viene la Navidad. Casi que podríamos decir que ya está aquí.

Un año más me veré atrapada entre aquellos que dicen odiarla por consumista y los que viven la euforia de poder comprar sin sentirse derrochadores, sino espléndidos. Atrapada entre los que la odian porque ya no la pueden vivir con los seres queridos que se han ido y los que la redescubren con los niños con un entusiasmo propio de conversos. Atrapada entre los que la odian por hipócrita porque rehusan recibir la felicitación y la sonrisa por lo que son: un deseo de felicidad y una sonrisa. Es una postura incómoda, y a la vez divertida. Incómoda porque parece que siempre esté dando explicaciones y divertida porque en el fondo, creo que poco pueden hacer los demás por hundirme la navidad.

Navidad es, para mí, la oportunidad de recoger en el corazón todos aquellos quereres dispersos. Aquellos que en todo el año he tenido volando por la periferia de mis pensamientos y que en el fragor del día a día, no encuentran el hueco para hacerse presentes. Navidad es el momento de desear a todos, amigos y conocidos, felicidad. No es un deseo baladí, ni histérico, ni hipócrita. Obedece a que desde niña sé que es más fácil ser feliz si las personas alrededor lo son.

Esto es cierto todo el año, pero solo es evidente por navidad. Creo que las caras de incredulidad que pondrían mis amigos si les deseara, así por las buenas, felicidad un día 7 de abril, me haría sentir incómoda y bastante tonta.

La navidad me permite la libertad de sentirme feliz sin complejos. Siento la ausencia y la falta de muchas personas queridas que no están, y también la alegría de nuevos amigos y hasta una nieta.

Con esa alegría quiero decir que la navidad no es más que lo que nosotros la hagamos. No es consumista, a menos que lo seamos nosotros. No es hipócrita si no lo somos nosotros. Seamos felices. No por eso seremos menos serios, ni menos serenos, ni menos conscientes de lo difícil que es la vida, lo inhóspito el mundo, y lo dura que es la crisis. Simplemente daremos un descanso a nuestro corazón, y disfrutaremos de lo que tengamos para disfrutar. Contaremos nuestras bendiciones, como decía Mami, en vez de ovejas… y nos dormiremos contándolas tantas como son.

FELICIDAD!