Esto lo escribí hace tres meses. Lo he dejado dormir por que no fuera el producto de una rabia pasajera. Desgraciadamente, creo que todo lo que se dice sigue vigente, y por eso lo publico.
Estoy escandalizada. No hay para menos. Los del Gürtel, los de Sevilla, los de Mallorca, los de Menorca, los de Canarias, y por si faltaba alguien, los Albertos.
Creo que la gran mayoría de las personas son básicamente honradas, dadas a responder con la verdad y a no apropiarse de lo que no es suyo. También creo que las formas y costumbres en una sociedad viva van cambiando y tienden hacia una “normalidad” que puede ser distinta en diferentes lugares y épocas. A principios del siglo XX era escandaloso que las mujeres enseñaran los tobillos; hoy nadie se asusta de unas minifaldas que no llegan a arrugarse cuando las muchachas se sientan: las costumbres han cambiado y la normalidad aceptada como tal, ya es otra.
Quiere decir esto que ya es normal robar? No. Quiere decir que “robar” se identifica solo con el caco de la navaja, el del butrón o el de la escopeta recortada. Robar también es no buscar la mejor oferta porque hay un trato de favor con otro proveedor – favor que normalmente es personal, para los que gestionan la compra del servicio o el bien – y que en definitiva, paga la empresa que no se beneficia de un mejor precio o servicio.
Se podría llevar al extremo, y también sería cierto, que robar es utilizar el teléfono de la empresa para llamar a casa y saber si los hijos han llegado bien del colegio, o para pedir cita al médico, o imprimir el formulario de la administración. Pero los extremos engañan. Todos pensamos que es correcto utilizar el teléfono para una gestión breve y puntual… y que no lo es pasarnos la tarde escuchando al “teléfono rojo”. Todos diferenciamos entre imprimir un formulario a imprimir un libro bajado de internet.
Pero, volviendo a los escándalos que nos sirven todos los días. Mi padre decía que la sociedad era la que, al no condenar abiertamente a quien se reconocía como ladrón o corrupto, la que alentaba a los corruptos y ladrones a actuar a sus anchas. Él siempre decía que cuando la sociedad negara el saludo, volviera la espalda, rehusara estrechar la mano del corrupto, éste no tendría más remedio que enmendarse o emigrar a donde no le conocieran. Pero que mientras la llovieran amigachos y aduladores solo porque se había hecho rico y/o poderoso, la misma sociedad no tenía de qué quejarse, sino más bien, debía reconocer que le llovía lo que merecía.
Mi padre era inflexible, honrado a carta cabal, incómodo, intransigente, y si sobrevivió fue solo porque también era un hombre brillante, capaz, trabajador, e incansable. Era simpatiquísimo, tenía don de gentes y sabía estar en todos sitios y en todos círculos. Tenía amigos entre los profesionales liberales, entre los militares, y también entre los ebanistas, y albañiles. Para él todos eran personas, y sus amigos todos eran también gente de ley.
Yo creo que los ladrones, los corruptos, deben identificarse, denunciarse, perseguirse, juzgarse, condenarse y deben cumplir totalmente sus condenas. Deben además restituir lo robado, y si esto no es posible, la condena debe considerar medidas encaminadas a resarcir a las víctimas o deshacer el daño causado: diez mil horas de trabajo comunitario, preferiblemente en una posición que no le permita seguir con sus malas artes, por ejemplo, como peón caminero, jardinero, barrendero, o miembro de la brigada de limpieza en sitios “no sensibles” como colegios, nunca en las oficinas de los ayuntamientos, consejerías ni juzgados.
Si se identifica al corrupto o ladrón por investigación civil, como lo puede ser por medio de comunicación, bienvenido sea. Una vez identificado, la persecución debe hacerse por los cuerpos de orden público, como si lo hubiera identifica la policía en primer lugar. Pero esta investigación y persecución debe regirse por las garantías que figuran en la constitución y son la base de lo llamado el estado de derecho, y deben estar siempre tuteladas por un juez.
Lo que me lleva de nuevo al caso Gürtel. Me escandaliza que cuando se levanta el secreto de la tercera parte del sumario, se anuncie que estamos hablando de 15000 folios. Eso hace que el sumario entero se cifre en 50000 folios. Los investigadores dividen la investigación en tres partes de igual importancia. más o menos iguales el tiempo necesario para llegar a la redacción de un informe. Es decir, una vez verificado el éxito de la prospección (identificación del corrupto), las tres partes serían: la investigación o recogida de datos, la clasificación y ordenamiento de los datos recogidos, y redacción del informe que refleje y explique las conclusiones a las que llevan los datos recogidos y ordenados.
Siendo muy benévolos y optimistas podríamos decir que son tres partes que requieren el mismo tiempo cada una. Digo siendo muy benévolos y optimistas porque la realidad es que si se hace una investigación objetiva, la recogida de datos y la clasificación de los mismos excede en mucho el tiempo necesario para la redacción del informe. Pero para nuestro caso, vale con decir que sería el mismo tiempo.
Sigamos siendo benévolos. Digamos que se puede redactar el informe a marchas forzadas y lograr 100 folios al día. Me parece muchísimo. Cien folios escritos cada día supera en mucho la capacidad de más de un equipo de trabajo. Pero sigamos. A un ritmo de 100 folios diarios, 50000 folios que hemos dicho sería el total del sumario, requeriría 500 días. Dos años. Si dos años es solo la tercera parte del sumario, se han necesitado seis años para pergeñar el sumario. Seis años-hombre (y seis años-hombre cualificado) cuestan mucho dinero. Me gustaría que alguien me explicara quién dio la orden de investigar y qué se investigó, y a quien, y por qué. Estaban “pescando”?
Es que para mí, ésto también es corrupción; y no sé por qué la gente de la calle no se pregunta una y otra vez qué pasa y cómo pasa y por qué. No digo por qué no lo pregunta el Partido Popular… pues mientras no estén dispuestos a hacer lo que ha hecho Esperanza Aguirre, y presentarse con un “big bag” lleno de cabezas cortadas, no podrán abrir la boca. Así les va a ellos, pero aún peor, así nos va a todos. Nos hemos quedado sin oposición, sin posibilidad de cambio o recambio, sin esperanza de mejora… y nuestro país enfermo está mal.
Se ha instaurado el régimen del terror. Si es posible hacer un sumario que requiera 6 años-hombre a la sombra, sin tutela legal, sin cometido declarado, sin más que buscar datos para poder o no perseguir a “los otros”, estamos muy mal. Estamos en lo más oscuro de la edad media cuando una voz “anónima” podía denunciar brujería, herejía, blasfemia… y dejar inerme e indefenso al acusado que no sabía ni de qué se le acusaba.
Cómo, si no es así, puede entenderse que se presenten unos presupuestos que ya se saben son falsos, que se debatan solo de boquilla porque los pactos ya están firmados, y que todos, todos nosotros los gobernados, no nos preguntemos qué pasa?
Cómo, si no, es posible que aceptemos que la lealtad de nuestros sirvientes y asalariados, los políticos, sean hacia sus organizaciones o sus “jerarquías” y no hacia sus votantes? Cómo, si no, aceptamos que a ésto se le llame democracia, cuando no nos representa nadie? Se representan a sí mismos, en un escenario en el que solo actúan ellos, con un público que son ellos mismos. Ahora, pagar, pagamos nosotros. Pagamos a los partidos, los sueldos – a veces los tres sueldos – de los políticos, los coches oficiales, los guardaespaldas, secretarias, teléfonos y oficinas. Pagamos a los asesores, cuando se debería suponer que el político llega “aprendido”, y además, que la administración pública tiene muchas personas válidas que pueden instruir en lo necesario al quien lo deseara.
También pagamos a los sindicatos – y su filiación es mínima, y pagamos a la patronal, que ya es la risa. Rescatamos a los bancos, a los banqueros, subvencionamos energías alternativas, proyectos inviables, y condonamos deudas a países que nacionalizan empresas españolas.
Al fin, como en aquella obra de teatro: cornudos, apaleados y agradecidos.