Buscando diversión y novedades hemos adoptado fiestas ajenas tan ajenas como San Valen tín y Halloween. Incluso hemos hecho nuestros personajes como el conejo de Pascua, adoptando apariencias y formas, sin ni siquiera preguntar los porqués ni cómos.
Thanksgiving Day, el día de Acción de Gracias, queda como una de esas excentricidades Americanas. La versión percibida es una caricatura: la familia reunida alrededor de un pavo. Si no fuera porque el pavo está asado y constituye el plato principal de la cena, se diría que era el ídolo del ritual, o el invitado principal, ciertamente el icono de la fiesta.
A nadie parece importar el origen de la fiesta, los primeros colonos agradeciendo a Dios haber sobrevivido en tierras inhóspitas y tener una cosecha que les permitiría llegar al final del invierno. Ni tampoco que pasados más de cuatrocientos años se siga celebrando. Es una fiesta que no ha encontrado el eco de otras menos importantes, quizás que por que dar gracias a Dios no sea políticamente correcto..
Celebro el día de Acción de Gracias. Doy gracias a Dios por mi vida; por mis padres, por mi esposo, por mis hijos y este año, por una nieta. Doy gracias a Dios por mis amigos, y también por el sol y el cielo azul, por esta ciudad preciosa. Agradezco que el Día de Acción de Gracias haga que me detenga a pensar y repare en lo mucho que tengo qué agradecer.