Después del terremoto de 1976

Cuando se produjo el tremendo terremoto de 1976 en Guatemala Papi era abogado del Banco del Ejército. La tierra tembló de madrugada, y Papi llegó a su trabajo a la mañana siguiente para encontrar que el lugar donde se había levantado el edificio del Banco del Ejército era una escombrera. Se puso a reunir los documentos que podía, apilándolos y buscando cajas de cartón para embalarlos. Fueron asomándose los empleados: abogados, mecanógrafos, secretarios, ordenanzas… todos un tanto despistados y perdidos acerca de qué había qué hacer. Contaba Neto Viteri, su gran amigo, que a él le habían contado que hubo uno que llegó a decir: “Bueno, aquí no podemos trabajar, así que nos vamos a casa”. Contaba Neto que Papi le había caído encima como un halcón a un ratón, diciéndole a gritos que si en ese descampado que eran la ruinas del banco, con los documentos enterrados bajo los escombros, él no encontraba algo qué hacer, que se fuera a casa y no volviera, jamás. Como lo decía a gritos, en un momento se habían organizado los mismos empleados en una cadena para quitar escombros, buscar documentos y rescatar lo rescatable del desastre.

Fuera por el ejemplo dado por la “brigada” de Papi – que trabajaban de sol a sol, llevándose su comida para no tener que volver a casa (era difícil el tránsito y tardado el traslado), el Banco del Ejército fue de los primeros edificios desescombrados. Sus documentos guardados en cajas, etiquetadas, mesas y sillas almacenadas, y listas para ser empleadas en las oficinas provisionales cuando pudo hacerse. Los empleados, incluyendo a Papi, llevaban de sus casas cajas de cartón para almacenar los documentos, cordel para atar las cajas, rotuladores para identificarlas…

Dicen que el comportamiento en general de la gente de Guatemala ante la tragedia del terremoto fue ejemplar. Hubo miles de muertos en todo el país. Muchos en Guatemala capital.

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