Pocos perros son tan lindos como ese danés. alto, como un burro pequeño – lo que no es de extrañar, pues en Dinamarca, eran los perros los animales de tiro que llevaban los carritos cargados de cántaros de leche. Con una capa de gris terciopelo caminando lenta y ceremoniosamene al lado de su dueño.
Su dueño, ufano, cuenta que es el Campeón de España, que están descansando, pues llevan una temporada primavera-verano muy ajetreada. Han vuelto de Vigo y la semana próxima van a Zaragoza, de concurso en concurso, como las Mises. No se pueden perder muchas oportunidades porque todo puntúa, y uno no siempre está en su mejor momento. Se lamentaba el dueño de una ocasión que llegó el perro mareado a Barcelona, y claro, no tenía el mismo brío, y puntuó muy bajo.
El perro estaba feliz. Paseaba casi sin mirar por las retamas recién florecidas. El dueño contó que entre lo mucho que tienen que aprender los perros de concurso está el no distraerse, no dispersarse, mantenerse concentrado en su caminar, en el ángulo del cuello necesario para mejor lucir su cabeza. Permitir a los jueces verlo, mirarlo, tocarlo, sin rechistar.
No se sabe quien de los dos, amo o perro, está más concentrado en la carrera, ni quien más orgulloso. Hacen una buena pareja. Son socios en una empresa que de momento les lleva de éxito en éxito.
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