EL BRAD PITT DEL BARRIO

El Brad Pitt del barrio es un Labrador negro de unos ocho meses. Ya querría Brad Pitt ser el Pipo de su barrio.

El animal es precioso, alegre, juguetón que pasea con los ufanos miembros de su familia humana. Bueno, la familia dice que sacan a Pipo a pasear, pero todos saben que es Pipo quien saca, por turnos, a toda la familia. Los saca por turnos para que le duren más los paseos – y también para que le dure más la familia. Un labrador es capaz de llevar a la extenuación a cualquiera.

El peligro está en su energía. En un arranque de alegría podría dislocarte el codo, o el hombro según cómo lleves la correa. Si te salta encima para saludar puede dejarte sentada en la acera, muy agradecida de disfrutar de su cariño pero también deseando un poco más de comedimiento. Ay! La juventud, con toda su vitalidad, la inconsciencia, la espontaneidad y alegría, dicen, es una enfermedad que se cura con el tiempo.

Hace dos días lo vi esperando pacientemente a su amo a la puerta del horno. Cuando le saludé, saltó y vino hacia mi, lo que hizo salir a la carrera a su amo gritándole a Pipo que se estuviera quieto y a mi para que no me asustara de que un rayo negro y brillante se me viniera encima. El dueño no tuvo tiempo para reconocerme y temió que yo me sintiera atacada.

Había sido yo la imprudente de saludar a un perro que obviamente cumplía órdenes de su amo y lo esperaba a la puerta del horno. Pobre Pipo! Tendrá que aprender a ser prudente para compensar las imprudencias de la gente.

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