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Después del terremoto de 1976

Tuesday, February 9th, 2010

Cuando se produjo el tremendo terremoto de 1976 en Guatemala Papi era abogado del Banco del Ejército. La tierra tembló de madrugada, y Papi llegó a su trabajo a la mañana siguiente para encontrar que el lugar donde se había levantado el edificio del Banco del Ejército era una escombrera. Se puso a reunir los documentos que podía, apilándolos y buscando cajas de cartón para embalarlos. Fueron asomándose los empleados: abogados, mecanógrafos, secretarios, ordenanzas… todos un tanto despistados y perdidos acerca de qué había qué hacer. Contaba Neto Viteri, su gran amigo, que a él le habían contado que hubo uno que llegó a decir: “Bueno, aquí no podemos trabajar, así que nos vamos a casa”. Contaba Neto que Papi le había caído encima como un halcón a un ratón, diciéndole a gritos que si en ese descampado que eran la ruinas del banco, con los documentos enterrados bajo los escombros, él no encontraba algo qué hacer, que se fuera a casa y no volviera, jamás. Como lo decía a gritos, en un momento se habían organizado los mismos empleados en una cadena para quitar escombros, buscar documentos y rescatar lo rescatable del desastre.

Fuera por el ejemplo dado por la “brigada” de Papi – que trabajaban de sol a sol, llevándose su comida para no tener que volver a casa (era difícil el tránsito y tardado el traslado), el Banco del Ejército fue de los primeros edificios desescombrados. Sus documentos guardados en cajas, etiquetadas, mesas y sillas almacenadas, y listas para ser empleadas en las oficinas provisionales cuando pudo hacerse. Los empleados, incluyendo a Papi, llevaban de sus casas cajas de cartón para almacenar los documentos, cordel para atar las cajas, rotuladores para identificarlas…

Dicen que el comportamiento en general de la gente de Guatemala ante la tragedia del terremoto fue ejemplar. Hubo miles de muertos en todo el país. Muchos en Guatemala capital.

Rasgos varios

Saturday, January 30th, 2010

Papi fue durante bastante tiempo vice-ministro de Hacienda, incluso muchos meses, fue Ministro accidental, o en funciones, porque siendo vice-ministro había cesado el Ministro. Cuando se rumoreaba insistentemente que sería nombrado ministro, decidió escribir una “carta abierta” al Presidente y al pueblo de Guatemala diciendo qué pensaba él debería hacerse en la situación que se encontraba Guatemala, presentando un plan para ahorrar recursos, impulsar algunos proyectos y conseguir mejores logros, que incluía reducir salarios a altos funcionarios, subir los impuestos a los tramos de mayores ingresos, y en general, vigilar con ojo de águila todo dispendio del ejecutivo. Naturalmente, no lo nombraron Ministro de Hacienda, y el Presidente le escribió una nota bastante cariñosa diciéndole que era un “cabrón” porque lo había arrinconado a que si lo nombraba Ministro tuviera que aceptar el programa que había hecho público.

Contaba Papi que revisando papeles de su padre, después de que éste hubiera muerto, descubrió que todos los años el Abuelito Abel le enviaba dos carretas de leña al convento-asilo de unas monjitas. Decía que fue a ver a la Madre Superiora, le avisó que el Abuelito había muerto y que la finca, El Granizo, de donde salía la leña, había quedado en herencia para sus hermanos Abel y Héctor, pero que él le pagaría las dos carretas de leña ese año para que ella tuviera tiempo de hablar con sus hermanos o buscar la leña por otra parte.

Recuerdo que un día otro abogado, de su misma quinta, padre de una compañera de colegio, presumía de una nueva pluma estilográfica (en Guatemala se llamaban “plumas fuente”) ante un grupo de amigos entre los que estaba Papi. Era una pluma de un formato nuevo (para entonces), tan espectacular como fueron las over-sized Montsblac hace unos años. La pluma era negra, con un capuchón dorado, o de oro. Los amigos se la pasaban de uno a otro glosando su excelencia y felicitando al dueño por su posesión. Cuando le llegó a Papi dijo: Te felicito. Es una pluma muy hermosa, y muy significativa. Es de oro, pues te has hecho de oro; y negra pues solo Dios sabe lo que habrás hecho para ser de oro.

Un día, una señora muy enfadada porque Papi no fallaba a su favor un litigio que tenía con el Ministerio, le dijo sin subterfugios, “yo podría enviar a alguien para que le matara” y Papi le contestó: “haga lo que quiera, que no moriré ni un segundo antes de lo que Dios haya dispuesto.” Naturalmente, la amenaza no se cumplió, y Papi murió tranquilamente a los 85 años. Es normal, si no puedes asustar a alguien amenazándolo pues lo único inteligente es dejarlo en paz.

En el Ministerio de Hacienda

Saturday, January 30th, 2010

Cuando entró como asesor en el Ministerio de Hacienda, nombrado por Rodolfo Bendfelt (el apellido lo sé, del nombre no estoy segura), mandó quitar las máquinas de fichar, y los empleados de su oficina se alegraron muchísimo. La alegría se les quedó un poco helada cuando comprobaron, al llegar a las 8 a la oficina, que Papi ya estaba allí, y que había re-situado su mesa de trabajo para que encarara la puerta, y desde allí pudiera ver toda la sala, y por tanto saber a qué hora llegaba cada uno.

Le gustaba trabajar con la puerta abierta, no para vigilar, como dijeron algunos, sino porque así él sentía que invitaba a los subalternos a llegar hasta él para preguntar o comentar cualquier cosa. La verdad es que incluso si nunca pensó en vigilar la sala, podía hacerlo con solo levantar la vista. El ojo del amo engorda el caballo, era uno de sus refranes favoritos. Lo ponía a buen uso.

Lo que creo que nunca supieron los subalternos es que cuando Papi estaba abstraído, concentrado en sus pensamientos, no veía ni oía lo que sucedía a su alrededor. Pero nunca se sabía cuando estaba en “trance” ni cuánto iba a durar. Bueno, no lo sabía nadie más que Mami, con solo mirarlo.

Recién llegado Papi al puesto de asesor legal del Ministerio, recibió el Ministro Bendfelt un requerimiento para presentarse ante el Congreso de los Diputados para una interpelación. En Guatemala, entonces, cuando el Congreso interpelaba a un Ministro, era casi un juicio sumarísimo. Tanto era así que los Ministros se presentaban con sus asesores o abogados. Era un trance temible porque era la ruina política estaba casi garantizada. Los diputados parecían disfrutar de la posibilidad de dar una paliza a quien tuvieran delante, prácticamente inerme. Pues, cuando Bendfelt pidió consejo a Papi para evitar ir al Congreso, Papi se negó a que se considerara no ir como opción viable. Le dijo que según la Constitución, el Congreso tenía el deber de controlar al poder ejecutivo y para cumplir con ese deber, el derecho a interpelar al Ministro. Era, según Papi, la obligación del Ministro acatar el requerimiento y someterse a la interpelación.

Se reunieron Bendfelt y Papi para estudiar lo que podría ser el tema de la interpelación, porque entonces era como las inspecciones de Hacienda. El reo no sabía de qué se le acusaba ni qué se inspeccionaba, y Papi quedó satisfecho de que podían salir indemnes.

Se presentaron, Bendfelt y Papi solos, sin más corte ni más apoyo, ante el Congreso, y después de las primeras escaramuzas, cuando el diputado cabecilla de la cacería comenzaba a desplegar sus armas, Papi se levantó, como asesor del Ministerio, hizo ver al Congreso que lo que se pretendía preguntar al Ministro pertenecía a una etapa anterior a su período como Ministro, y que por tanto, no eran competentes para llevar a cabo esa investigación, y que el Sr. Bendfelt se sometería a la ley ordinaria y a un juicio ordinario, pero no a una interpelación del Congreso. Con eso, él y Bendfelt, salieron ante los atónitos diputados. Salieron tan pronto que pillaron sesteando a los chicos de la prensa que esperaban en la puerta y no atinaron ni siquiera a acosarlos en su camino hacia el coche.

Al día siguiente la fiesta fue en los periódicos. Aplaudían la sangre fría de Bendfelt de presentarse, el acierto de Papi al pillarlos con el pie cambiado a los diputados, su elocuencia al hacer un discurso implacable e incontestable, y en general, la carnicería que se quería hacer de Bendfelt, se hizo del Congreso. Fueron a por lana y salieron trasquilados.

Del juicio ordinario a Bendfelt jamás hubo nada, porque en realidad era una tormenta en un vaso de agua, pero convenientemente agitado por adversarios políticos daba para muchos titulares.

Esa fue su primera actuación como asesor en el Ministerio, y comenzó a acrecentarse su fama de abogado implacable e imparable. Bendfelt jamás lo olvidó. Siempre lo trató con deferencia y cariño, y lo contaba a quien quisiera oírlo. Esto lo sé porque me lo contó, años después, el mismo Ministro.

Inesita

Saturday, January 30th, 2010

Cuando Inesita Luna se fue a Argentina siguiendo a su marido, Papi se opuso porque decía que si estaba en Guatemala iba a ser más fácil echarle una mano. No lo decía por consideración a Ramiro, su marido, que era argentino, pero él creía que Argentina estaba muy mal económicamente, por bien que anduviera en su consideración cultural. Pero Inesita se fue, y Papi le hizo prometer que si las cosas no le iban bien, que se lo haría saber a él.

Al cabo de unos años Inesita llamó por teléfono para decirle a Papi que las cosas les iban muy mal. En una de las múltiple crisis de Argentina (supongo que sería como 1959) Ramiro había perdido todo y no tenían ni para comer. Papi se movilizó, buscó unos billetes de avión (siete porque tenían 5 hijos) a pagar a plazos cuando eso no se hacía, les envió dinero para que pudieran moverse lo suficiente para tomar el avión.

Pidió, rogó, exigió (no pondría la mano en el fuego que no llegara a la extorsión, amenaza y chantaje entre parientes) a toda la familia Luna dinero para poderle alquilar una casa y que tuvieran donde dormir, por lo menos el primer mes, buscó y encontró colegio para los niños. Cuando llegaron la casa estaba amueblada, había sábanas y mantas para todas las camas, cacharros de cocina y pan, patatas, cebollas y huevos en la despensa. No había lujos, ni jamón ni cereales de desayuno, pero sí lo necesario.

Inés nunca lo olvidó. Supongo que Ramiro tampoco, pero mis recuerdos son de Inés, quien era la prima de Papi.

Montó una casa de manualidades y regalos de cosas típicas que llamó “Los cinco inditos” y le fue muy bien. Utilizó lo que había visto y aprendido en Argentina, que en Guatemala era novedad. No hay mal que por bien no venga… ella lo decía hablando de lo que había aprendido y puesto en práctica. Inés era simpatiquísima, y muy hábil con las manos; capaz de hacer mil cosas de casi nada, y todas con mucha gracia. Mami le buscaba y traía cosas que le gustaban de sus viajes para que ella pudiera adaptarlas si le parecía.

Papi in a nutshell

Saturday, January 30th, 2010

Papi era fantástico. Brillante, trabajador, resolutivo. Hoy dirían que era hiperactivo. La verdad es que no paraba, siempre estaba pensando, planeando, soñando… y poniendo en marcha los planes y los sueños. Tenía unos doce años cuando el médico decidió que estaba muy flaco y podía enfermar, por lo que había que recluirlo en casa para que descansara y se fortaleciera, en vez de desgastarse corriendo y jugando con sus compañeros de colegio.

Para combatir el aburrimiento de la inactividad impuesta aprendió a escribir a máquina, utilizando una máquina que había en su casa y un método arrumbado detrás de algunos libros. Se hizo un mecanógrafo extraordinario, que cuando yo ya sabía qué era un mecanógrafo alcanzaba las 350 pulsaciones por minuto de manera continuada. En la época del ordenador eso suena a chino, pero en la época de las máquinas de escribir mecánicas, era todo una marca. Quiere decir que escribes 350 caracteres por minuto, y los espacios entre palabras no cuentan. Que fuera continuada era aún más extraordinario, pues no era un sprint cronometrado, sino un contrareloj de 5 minutos seguidos. Los errores se restaban del cómputo.

Bien es verdad que no hay ningún esfuerzo baldío. El trabajo que encontró en Estados Unidos, donde no podía ejercer de abogado porque eran distintas leyes, fue de mecanógrafo. En cuatro años llegó a ser el jefe del departamento de exportación de Jacuzzi Pumps a latinoamérica.

Era rápido de reflejos como pocos. Tenía mal genio, muy mal genio, que mantenía bajo un estricto control, pero cuando lo soltaba podía hacer temblar los pilares del templo. Y lo sabía utilizar. Era muy buena persona, incapaz de hacer daño a alguien que pensara era más débil. Pensaba que era una persona privilegiada y que era su deber ayudar a quien pudiera. Y lo hacía con discreción y tacto.